Somos
una tierra de hombres de leyenda, pero, sobre todo, los que tenemos suerte de
conocer a nuestras abuelas, sabemos que tenemos una región de mujeres fuertes,
más que cualquier ser humano conocido. Mujeres que entregaron su juventud a una
educación que las llevó a ser transigentes, a ser conformistas. Entregaron su
vida a la familia (ya fuera heredada o adquirida), también en los campos de
labranza, en los establos y corrales, en talleres y en huertas.
En
nuestra tierra tenemos mujeres que cargan en sus hombros el peso de todas las
vidas que han cuidado (abuelos, padres, maridos, hijos y nietos) con
resignación y con un cariño más profundo de lo que jamás llegaremos a imaginar.
Son mujeres llenas de fuerza interior y, a la vez, llenas de sencillez,
tranquilas con su conciencia y que no dudan en contar su verdad, la vida a
través de sus ojos a pesar de que nos podamos ruborizar cuando lo hacen.
No
hagáis eso nunca, sonreíd con tranquilidad pues lo que dicen no son comentarios
maliciosos, es la perspectiva de 70, 80 o 90 años de dedicación, esfuerzo y
poco reconocimiento. Es la vida tal y como la ve esa mujer que se asoma en
verano a la puerta de su casa en el pueblo cuando escucha el coche de sus hijos
llegar. Con esos vestidos de motivos florales y esos mandiles tan
costumbristas. Salen sonriendo a aquello que más quieren y ojalá fuéramos
capaces nosotros de amar de esa manera algún día.
Los
abrazos y las cogidas de los carrillos en el zaguán, los caramelos a escondidas
en el vestíbulo, el olor de esos guisos antes de cruzar la puerta… Esas
llamadas menos habituales de lo que deberíamos que siempre suenan igual: “Hola
hijo…” “Bien, como siempre ya sabes, aquí tu abuela con el periódico…” esa voz
que suena a hogar, que te convence a ver “la novela” con ella porque es el
mejor plan posible para después de comer. Esa voz que, a pesar de que se le
deban deudas desde antaño te dice “gracias” cuando vas a verla o llamas.
Han
sobrevivido a una guerra, una dictadura y a un mundo desagradecido y, a pesar de
todo, no encontraremos a nadie que haga tan bien… la tortilla de patatas.
GRACIAS