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miércoles, 4 de enero de 2017

Me he cansado de esperar

He buscado de mil formas plasmar lo que siento en el papel, y me ha sido imposible. Este es sólo otro intento más para explicar que desde el momento en el que entraste en aquella sala, algo tuyo se quedó clavado dentro de mí. Por azar o por suerte, sigo llevando conmigo ese pedacito de ti. Quizá terminó de clavarse la primera  vez que hablamos, o en ese abrazo de despedida cuando acabamos el cursillo, incluso puede ser que se adentrase en mí con ese “tenemos que quedar…”. El caso es que el tiempo pasó y nos volvimos a ver, dos veces, y yo noté que aquello que dejaste en mí surcaba mi interior como un turista extraviado buscando insistentemente mi corazón para asentarse allí.

Y lo consiguió, en esa última mirada, ese último abrazo y ese último beso en mi mejilla, te clavaste por completo en mi corazón. Si bien no es un sentimiento desmedido o un amor incondicional digno de grandes poemas, es lo suficientemente grande como para obligarme a escribir esto.


También fuerza a mi mano a escribir la incertidumbre de qué papel ocupo yo en tus pensamientos, el volver a encontrarme en la encrucijada entre la duda y la ilusión. Escribo todo esto sin que tú aún sepas nada sobre lo que siento, pero la próxima vez que te vea, me encargaré de hacértelo saber, porque ya me he cansado de esperar.

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