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lunes, 21 de noviembre de 2016

Hasta aquí hemos llegado

Nunca me había visto así, jamás. Ni en mis más oscuras horas, me había sentido tan pequeño, roto e inútil. Siempre la misma historia, ese mismo calambrazo de pesimismo producido por un ligero contratiempo, una canción triste en mal momento, una peli demasiado sensible, y todo se viene abajo. 
No puedo hacer esto, siempre con las mismas gilipolleces, siempre deprimido por la misma bobada. Ya llegará una que no sea tonta, que sepa lo que valgo, que no tenga el valor de jugar conmigo como ya hicieron otras, quizá demasiadas. No lo merecéis, en absoluto. Me veo todas las mañanas en el espejo, me estudio todas las noches en mi conciencia. No, no soy un juguete, no soy un cacho de carne. Soy mucho más, y ya está bien de hacer que mis amigos tengan que oír ridículas historias sobre lo mucho que sufro, ya está, es suficiente. 
19 años, 1’85 de altura, y demasiado que aprender. Me niego a seguir atado a estas rachas de agonía que van y vienen a través de mí arrasando todo mi interior, dejándolo desolado, bajo un incesante diluvio que ahoga todas esas partes de mí que quieren mantenerse a flote. Hoy lucho, hoy me levanto y cambio la cara, y espero mantenerme y olvidaros, a todas. Sentíos satisfechas de vuestra terrible obra, sonreíd para vosotras mismas, lo lograsteis. Ahora volved a la alcantarilla de la que hayáis salido y dejadme a mí que vuelva a la calle a comerme el mundo. 
El problema principal que veo a esta última y devastadora racha de pesimismo es que ya no sé qué hacer. Antes siempre había encontrado algún comportamiento que me liberase, alguna forma de afrontar los días de forma que poco a poco mi ánimo fuera levantándose, pero ahora… no sé.
Sólo tengo ganas de encerrarme en mi cuarto y escribir, escuchar música y dejar que me consuma el sueño. No tengo fuerzas para otro envite, parece ser que este verano ha superado el récord de destrozo sentimental del anterior y me ha dejado totalmente inútil. Mis constantes intentos por salir de mi agujero han sido francamente infructuosos, pero hoy es el día de plantar cara al día que está por venir, de guardar a los fantasmas del pasado en una oscura celda y de dedicar la mejor de mis sonrisas al mundo. Porque hoy, hoy es el momento de decirle al mundo que cuente conmigo, que no me pienso rendir.

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