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El beso del Guadalquivir

Se quejaba una voz quebrada en cada rincón de Sevilla por el amor negado, lloraba su guitarra al son de una rumba que buscaba en las flores...

jueves, 9 de marzo de 2017

¿Y si fuera real...?

Sólo las flores de azahar fueron testigo de lo que ocurrió esa noche, de cómo la luz de las farolas que conseguía atravesar la masa de vegetación de los árboles era capaz de asomarse a una conversación sin voces, a un diálogo sin opiniones, a un debate sin moderador... La estampa éramos tú y yo, bajo los naranjos del barrio de Santa Cruz, mirándonos a los ojos, expresando con la mirada lo que el diccionario no habría sido capaz de decir. Tu mano sobre mi rodilla mientras dibujabas círculos con tu pulgar y la mía sobre tu mejilla como si mi mano aún no se hubiera creído que fueras real. El tiempo pareció haberse detenido, esperando que alguno de los hiciéramos algún movimiento brusco para volver a su ritmo normal.

Pero nosotros estábamos ajenos al tiempo, al entorno, a la ciudad que seguía su vida alrededor de nosotros. Sevilla se había convertido en el escondite de nuestro amor y allí no prestábamos atención a nadie más.

Nuestros ojos se cansaron de expresar sentimientos y dejaron que fueran los labios los que hablasen, que nos dijéramos a través  del contacto de nuestras bocas que esa noche no había otra cosa en el mundo aparte de nosotros dos, que éramos el centro del universo...

Sudoroso, me despierto. Sigo en casa, lejos de Sevilla, lejos de mi utopía y de mi amor, lejos de la fantasía únicamente real en el papel. El dolor presiona sobre el pecho y la ausencia no hace más que incrementar el dolor.

Toda era un sueño... o quizá una fantasía, quién sabe. Sólo tengo la certeza de que no me he reflejado en tus pupilas al despertarme ni ha sido el brillo de tu sonrisa la luz que he visto al despertarme, sino que me he visto reflejado en un espejo odioso que me presentaba recién levantado con lo que ello supone, y el único brillo que me iluminó fue el de un sol de invierno castellano sobre mis láminas de historia naval, cuna de otras tantas fantasías que han habitado mis papeles. Pero no hay rastro de ti, sólo ausencia.

Pero mientras me ducho, cierro los ojos y vuelvo a estar en Santa Cruz contigo, perdiéndome en tu mirada y rogando porque ese segundo durara para siempre. Parecías tan real, casi un recuerdo o una ¿premonición?. No lo sé... únicamente sé que una sonrisa se me escapó mientras el agua seguía cayendo sobre mí como una cálida cortina que me mantenía dentro de mi imaginación. A fin de cuentas, quién sabe qué puede pasar en el futuro...

¿Y si todo aquello, se hiciera realidad?


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