La escalera de la playa de la Fontanilla gruñó cuando posé mi pie sobre el primer escalón, rechazando mi visita, como un perro que ladra a un dueño que lo trata mal. Cada peldaño emitía un quejido cuando tenía que soportar mi peso sobre él. El sol, comenzaba su romance con el mar al besar su superficie sobre la línea del horizonte, cuando por fin alcancé la fina y templada arena de la playa.
Me quito los zapatos y empiezo a andar descalzo hacia la costa. Justo antes de llegar a la arena húmeda dejo los zapatos sobre la parte seca y continúo mi camino hacia el incesante empuje del mar contra la tierra. Me invade una profunda sensación de soledad mientras el sol termina de entregarse al amor con el mar, atravesando por completo el horizonte, y cediendo el protagonismo sobre el escenario que es la bóveda celeste, a la luna, con sus brillantes compañeras las estrellas.
De pronto, unos brazos rodean mi cintura con un cariño como nunca antes había sentido. Acaricio tus finas manos mientras contemplo la inmensidad del Atlántico. La primera lágrima cae desde mi mejilla derecha hasta que llega a tus manos, tú la sientes, y empiezas a rodearme para ponerte frente a mí. Liberas tus manos y con la derecha acaricias mi mejilla izquierda, me besas, y me susurras al oído "él vive en ti".
Me quito los zapatos y empiezo a andar descalzo hacia la costa. Justo antes de llegar a la arena húmeda dejo los zapatos sobre la parte seca y continúo mi camino hacia el incesante empuje del mar contra la tierra. Me invade una profunda sensación de soledad mientras el sol termina de entregarse al amor con el mar, atravesando por completo el horizonte, y cediendo el protagonismo sobre el escenario que es la bóveda celeste, a la luna, con sus brillantes compañeras las estrellas.
De pronto, unos brazos rodean mi cintura con un cariño como nunca antes había sentido. Acaricio tus finas manos mientras contemplo la inmensidad del Atlántico. La primera lágrima cae desde mi mejilla derecha hasta que llega a tus manos, tú la sientes, y empiezas a rodearme para ponerte frente a mí. Liberas tus manos y con la derecha acaricias mi mejilla izquierda, me besas, y me susurras al oído "él vive en ti".

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