En realidad, ahora
no tengo nada que escribir, simplemente, tenía ganas de volver a usar el boli.
Así que ya que no
tengo nada que escribir, me voy a poner a soñar, va a ser un sueño en esa
playa, el Palmar, con un atardecer de verano, y con esa chica que aún o conozco, pero que me hará tan feliz. Va a
ser un sueño feliz, va a ser mi sueño, va a ser mi futuro. A pesar de todo
esto, estará escrito en pasado. Lo digo para que tú, lector, no creas que lo he vivido,
sino que simplemente es más fácil tratar esto como un recuerdo.
¿Recuerdas esa
luz? Parece que fuera ayer, esa playa, el sol cayendo sobre el horizonte,
abrazando el mar y regalándonos un espectáculo de luz como nunca antes hemos
visto. Y allí estabas tú… perfecta. Tu piel dorada por el sol reflejaba las
últimas luces del día, y esa melena rubia tuya, destellos de un agonizante día,
que da paso a la romántica noche.
A lo lejos se oyen
los acordes de una guitarra que llora los lamentos de su músico. No puedo dejar
de mirarte. Tu sonrisa es la luz más clara que me otorga el día, y en tus ojos
verdes veo la pureza de tu alma y veo reflejada la cara de idiota que se me
queda cada vez que te miro.
Recuerdo que
dejamos la toalla y nos quedamos sólo con el bañador. Poco después fuimos al
agua, tú ibas delante y yo me quedé en la orilla, contemplando tu silueta, con
esa sonrisa de enamorado que me dejaste el día que te conocí. Las sombras del
atardecer, el rumor del agua y tu risa, forman el ambiente idóneo para sentirme
FELIZ.
El agua está
fresca, pero poco puede hacer el frío para impedir que corra detrás de ti para
abrazarte. Llegué corriendo por detrás y te di un abrazo de eses que sólo salen
en las películas. Qué poco me importó el frío entonces, que bella es la vida
cuando la miras desde el ángulo adecuado.
Bella fantasía
parecía todo aquello, como sacado de un sueño, de la imaginación de un poeta o
un cantante. Aún recuerdo ese momento en el que me susurraste al oído “te amo…”
y yo no pude más que responderte a eso con un beso, la mejor forma que se me
ocurrió de expresarte lo que sentía.
Recuerdo que nos
subimos al hotel, a prepararnos para la cena, y yo acabé antes, por lo que bajé
a coger mesa al restaurante, a la orilla del mar, a la orilla de todo, en el
principio de tantas cosas y el final de tantas otras.
Aún recuerdo estar
hablando con el camarero mientras esperaba a que nos preparasen esa mesa justo
pegada a la arena de la playa, cuando de repente noté como tu perfume llenaba
mi alma y entonces te vi, perfecta, con ese vestido blanco tuyo, que hacía
perfecto contraste con el dorado de tu piel mientras tu melena rubia se dejaba
caer como una catarata de oro sobre tus hombros. Y esa sonrisa, otra vez esa
sonrisa.
Me había puesto
mis mejores galas, la mejor camisa, la mejor colonia, el mejor reloj… Pero
cuando te vi me sentí ínfimo, y el hombre más afortunado del mundo sabiendo que
era yo el que tenía un hueco en tu corazón.
Posaste tu mano en
mi mejilla y acompañaste el gesto con un beso que me devolvió a la realidad, la
cual era mejor que cualquier sueño. Tras una cena perfecta, dimos un paseo bajo
la luz de la luna y en un momento hundí mi rodilla derecha en la arena y saqué
de mi bolsillo un anillo, dijiste sí, y la luna fue testigo del mejor momento
de mi vida…
Esto es sólo un
sueño querido lector, una fantasía de un poeta, de un cantante, pero la vida
sigue, y estoy seguro de que algún día encontraré a esa chica, encontraré esos
ojos y esa sonrisa, y volveré a posar mi boli en un papel para escribir un
recuerdo de algo que fue realidad, hasta entonces, toca vivir…
No hay comentarios:
Publicar un comentario