Y
yo ahora que hago, si sólo sé pensar en ti, si no puedo esperar otra cosa que
no sea hablar contigo. Intento fingir que no eres fundamental, que sólo te
quiero, pero me delata mi estado de ánimo cada vez que tengo que decirte adiós.
Y
ahora me marcho, ahora tengo que cruzar un mar, tengo que cambiar de casa,
tengo que irme y llevarme mi cabeza conmigo, y cómo pretendo irme si tú estás
aquí, esperando a que vuelva, con miedo de que sea uno más de todos esos que
tanto daño te hicieron, un imbécil que no supo valorarte. Yo antes también
temía poder cometer ese error, también pensaba que mis hormonas iban a ganarle
la carrera a mi corazón. Pero ellas no te han visto sonreír, no sabes lo mucho
que disfruto viéndote reír, es como sentir que estoy haciendo bien las cosas,
que te estoy haciendo feliz.
Joder,
que inocente fui, pensar siquiera que podría dedicarle un minuto a otra que no
fueras tú, si no puedo estar en la calle sin echarte de menos, ni dejar de
imaginarte conmigo cada vez que veo una pareja.
Hace
dos semanas creía que esto era pasajero, que era fruto de mi pobre estado
emocional, pero qué iluso fui. Nada más posar el pie en Valladolid, cuando te di
ese último abrazo, ese último beso, esa última risa, se me partió el alma, se
me rompió el corazón, pues algún cachito quería quedarse contigo, para que yo
tuviera que volver a ti a por él, y cuando lo hice, en vez de llevarme esa
parte, te quedaste el resto, aunque supongo que no fue cosa tuya, simplemente
te lo entregué.
Me
asomé a aquel abismo sobre el mar, dejé todo en el acantilado, y salté. No me
até a nada, no me agarré a nada, salté, te abrí mi corazón, te lo ofrecí en un
humilde sobre, sin sellar.
Y
ahora me veo en el aire, sabiendo que quiero volar, pero sólo tú puedes
enseñarme, sólo tú puedes evitar que caiga sobre las afiladas rocas de la
costa. Salta, por favor, salta conmigo, acompáñame en este salto, busca la
felicidad conmigo, vuela conmigo, no me dejes caer.
Yo
me voy, pero esto se queda contigo, esto es tuyo, no puedo pensar en nadie más
que tú para que guíe mi boli, ebrio de dolor, sobre este papel. No quiero irme,
quiero estar aquí, quiero verte, quiero hablar hasta las 5, quiero sonreír como
un bobo mientras te miro, quiero verte reír, te quiero, TE QUIERO.
Y
ahora, ¿cómo te digo adiós? ¿cómo puedo ser capaz de despedirme de ti, del
todo, saber que no voy a verte, que no vas a estar en mi pantalla, no sé ni que
decir, no sé cómo afrontarlo, afrontar un mes sin ti.
Dame
fuerzas para mi viaje, dame motivos para volver, dame… dame… dame ese beso que
no pudiste darme el otro día, dame ese beso que haga que vuele, hazme volar,
suéltame esta cadena que me ata al suelo, líbrame de la atadura de la
incertidumbre.
No
sabes las ganas que tengo de besarte, y el mido que me da, tener que
despedirme. Espérame, y búscame en la noche, en la estrella más tenue del
cielo, y piensa en mí. Yo buscaré la más brillante y volveré a posar mi boli
sobre el papel para ti.
Te
quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario