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lunes, 29 de agosto de 2016

Un brindis por los románticos

Conocemos demasiado bien la sensación de soledad, la de ausencia, esa sensación de no saber dónde deberíamos estar, la sensación de no encajar con nadie en el frío juego del amor.
Pues hoy quiero brindar por los que son como yo, románticos e ilusos, a la par que un poco idealistas en el amor.
Quiero brindar por aquellos que se desviven por su chica, que la escriben de madrugada, que la ven en cada amanecer y en cada atardecer, que la escuchan en el murmullo del mar, en el lamento de la guitarra y en el canto de los pájaros.
Brindo por aquellos que no dudan en jugársela cuando se enamoran, por aquellos que no se avergüenzan de llorar, por aquellos son fieles a sus principios, por aquellos que valoran la lealtad, por aquellos que aman con franqueza, por todos los que han sufrido por un desamor, por todos ellos y por mí digo: Ole.
Porque nos merecemos que aparezca en nuestras vidas esa chica que nos complete, porque realmente nos falta algo sino amamos. Porque ya hemos sufrido bastante de las inquietudes de aquellas que no supieron arriesgarse con nosotros. Porque ya está bien de aprovecharse de los románticos para que alguna se suba el ánimo para luego pasar de ellos y volver a estar con los mismo soplapollas.
Necesito hablar de la soledad, de la sensación de vacío. De la continua y amarga presencia del dolor. Me siento como una cáscara de nuez en un mar embravecido. Como una lágrima en pleno diluvio, como un cadáver en un desolador campo de batalla, como un sollozo en medio de millares de gritos.

El consejo general es: “deja que llegue, no lo busques”. Pero no es fácil, porque el vacío duele, y urge llenarlo, o al menos sentir que está lleno. 
¿Quién va a pasear conmigo por esa playa? ¿Quién va a escucharme cantar en susurros antes de dormir? ¿Quién va a ser la musa de mi pluma? 
Estoy harto de llorarle a las estrellas, de mirar a la luna con desconfianza, porque ella también me abandona algunas noches. Simplemente quiero amar, quiero que me amen, quiero hacer feliz a una chica y que ella me haga feliz. Supongo que da igual cuanto suplique al cielo.
A pesar de toda esto, empiezo a ver algo de luz, no sé, voy asumiendo que aquello que anhelo está por llegar, que todo es cuestión de tiempo, que las cosas van llegando. A fin de cuentas me lo merezco, igual que todos los románticos por los que hoy brindo.
Especialmente tú, José, brindo por ti y porque pronto llegue esa chica que realmente te valore. 
Bienaventurados los románticos, porque ellos encontrarán el amor.
Un brindis.

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